lunes, 20 de agosto de 2012

Soñador de Plata


El cronista que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños responde con ello a la verdad de que nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la historia. Aunque, por supuesto, sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado. Lo que quiere decir: sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su pasado en cada uno de sus momentos
(Walter Benjamin)
“Es el momento de abrirnos a recibir de ellos [África, Latinoamérica y Asía], lo que ellos han sabido todavía conservar de su humanidad y de la profundidad de sus culturas y tradiciones”
(Adolfo Nicolás)
“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.”
(Eduardo Galeano)
Soñador de plata
Erick Barrondo. Primer medallista olímpico para Guatemala
Te sientes despertar de un sueño insondable, es como una campana que, resonando, te sacude invitándote a ponerte de pie. Pero no es el sonido del Big Ben, quien te recuerda que bajo su paisaje fuiste el hombre que levantó a un pueblo entero, sino el retumbo de la unión agradecida de un pueblo. Tu triunfo no es de un país, no es tuyo tampoco, ganó un pueblo entero representado en las gotas de sudor y en la energía que impulsaba cada uno de tus pasos.
El cuatro de agosto iniciaste una historia distinta para tu país, lo creías y lo luchaste así. Bajo la mirada de todo el mundo manifestaste tu fe poniéndote de rodillas y pediste a Dios que hiciera de lo sencillo algo grande. El continente bajo tus pies se extrañó por ver a alguien inclinarse y hablar con un Ser superior, que para ellos ha pasado de moda. Esa fue la primera de tus batallas ganadas: enorgullecerte de tus raíces, de la fe de tu familia y de tu pueblo. La paz interior que ha acompañado a todas las generaciones que precedieron tu vida, te hacen sonreír y sentirte en casa. Inicias la carrera.
Te concentras para no cometer ningún error, pero, sin esfuerzo, recuerdas los caminos hacia la escuela, los kilómetros corridos para llegar a sentarte y aprender. Tu sueño, que era el mismo de tus papás, era estudiar, hacer que tu familia y tu pueblo que para ti son los mismos pudieran tener un amanecer en paz y justicia.
Ves que alrededor compiten muy cerca de ti: tres rusos, dos australianos y tu compatriota y compañero de equipo, Daniel; todos con el deseo de ganar. Imaginas la inmensidad del mundo, sientes a los cincuenta competidores de esa contienda y a sus pueblos enteros ilusionados por un triunfo, pero ¿sentirán ellos la necesidad que nace de tu interior? Rememoras cuando cruzaste la meta obteniendo la  primera medalla olímpica para tu país. De nuevo sientes la alegría que enardece tus músculos y te inspira a continuar.
El reloj conquista el tiempo y tú, caminas uno, dos, cinco, quince, veinticinco kilómetros. El sol avanza en su descenso y con él parte de tu fortaleza. Se acerca un juez que le presenta una tarjeta roja a tu amigo Daniel y él llora desconsolado por la descalificación. Lo dejas atrás con gran dolor y con esa sensación que aprieta tus entrañas, dando malestar, náuseas y hasta asco, piensas en la injusticia y los recuerdos regresan a tu mente.
Sueñas con los ojos abiertos, sin perder de vista el camino que conduce a la meta. Te ves alejándote de casa y estudios para migrar a la capital; lo dejas todo por buscar trabajo, y con ello, una oportunidad para tu familia. Así, sin buscarlo, iniciaste la carrera de atleta, y mientras pasaba el tiempo adquirías las habilidades adecuadas para el deporte y también tu mente obtenía un nuevo conocimiento, una nueva razón. Comprendiste que lo que siempre habías hecho, aquello que tus padres te enseñaron y que siempre has visto en tu pueblo, tiene un significado que, para ti, se convierte en un “nosotros”: Todos corremos, estudiamos, jugamos, trabajamos y sonreímos por todos.
Levantas la mirada y ves que el cronómetro marca tres horas de competencia, y te das cuenta que son ya cuarenta los kilómetros recorridos. Lanzas un poco de agua a tu rostro sudado para refrescarlo y sacar lo mejor de ti en el tramo restante. Escuchas las ovaciones del público que sigue gritando y animando a los corredores. Ves a un lado de la pista algunas banderas de Guatemala que te recuerdan tu objetivo: redimir al pueblo oprimido por más de quinientos años. Quieres renovar la esperanza, hacer algo que despierte el espíritu del nosotros.
El grupo se ha reducido, vas persiguiendo al líder de la competencia y alguien te sigue. Quieres la libertad, pagar la deuda de un pueblo oprimido y decir que se acaba el dolor, ya no más sufrimiento, sólo unidad. Mientas sueñas con la victoria, observas que se aproxima un juez con una tarjeta roja. Lanzas un suspiro infinito y por un segundo piensas: “no, por favor”. En ese instante te detienes y lloras, ¿por qué no llorar? Lo único que sientes es desilusión, ganas de gritar “injusticia”, piensas que es tu culpa por marcar un precedente en la competencia anterior. Te acusas a ti mismo por arruinar la oportunidad de tus amigos atletas, porque crees que los jueces los perseguirán y evitarán que ganen. Sientes la opresión de más de quinientos años sobre tus hombros y sigues llorando. Sin embargo, levantando la mirada  y buscando a tu entrenador recuerdas lo más valioso, aquello que te condujo hasta aquel lugar. Sonríes entre lágrimas porque sabes que el nosotros no se acaba, que se han descubierto muchas cosas, pero algunas no han sido descubiertas, porque son eternas, sobrepasan aún el entendimiento humano.
Te acercas a tu entrenador que en nombre de Guatemala dice: gracias, Erick.
Tú dices: gracias, Dios.
Y por qué no pensar que Dios dice: gracias amigo, tu ejemplo servirá para abrir los sentidos y para que tu tierra libere presión por medio del terremoto que sacuda al distraído, que despierte al dormido y que impulse al luchador.
Así abres los ojos y te das cuenta que el sueño apenas empieza.

domingo, 22 de abril de 2012

Jeans


Entre lágrimas lavé el jeans que había recibido todo el polvo. Mientras lo restregaba con fuerza para sacar toda esa “suciedad” pensé ¿por qué trato tan mal el regalo que la naturaleza me da?
Que fácil es engañarte y pensar que aquello que la naturaleza te ha dado se quita con agua. En realidad  lo haces desaparecer sólo mientras te engañas y regresa más pronto de lo que te imaginas, porque es parte de ti.
Las lágrimas no borran aquello que eres, -yo las disfruto mucho, son mi desahogo- pero nunca cambian nada. Siguen siendo como un lavado que cada vez limpia menos.
Ya no quiero lavar el jeans, quiero que siga cargándose con el regalo que naturalmente es suyo, aquello que lo hace ser él mismo. Para el mundo será sucio, para mí será real, será como yo.

lunes, 16 de abril de 2012

Luna

Te veo dormir y sueño,
sonríes para mi entre
desgano y cansancio.
Sonrío para ti mientras duermo
porque te sueño
descansando.
Disfruto acurrucado
que en la noche tu rostro de luz
se deslice por mi pecho
y que al amanecer desvanezcas
calentando mi piel con tu recuerdo.