Entre lágrimas lavé el jeans que había
recibido todo el polvo. Mientras lo restregaba con fuerza para sacar toda esa “suciedad”
pensé ¿por qué trato tan mal el regalo que la naturaleza me da?
Que fácil es engañarte y pensar que aquello
que la naturaleza te ha dado se quita con agua. En realidad lo haces desaparecer sólo mientras te engañas
y regresa más pronto de lo que te imaginas, porque es parte de ti.
Las lágrimas no borran aquello que eres,
-yo las disfruto mucho, son mi desahogo- pero nunca cambian nada. Siguen siendo
como un lavado que cada vez limpia menos.
Ya no quiero lavar el jeans, quiero que
siga cargándose con el regalo que naturalmente es suyo, aquello que lo hace ser
él mismo. Para el mundo será sucio, para mí será real, será como yo.

