Sabía que era una burbuja sensible y frágil. Fue el tesoro
que, como un niño, quise atrapar y poseer. De una manera casi instintiva me
lance en su búsqueda. Fue la burbuja más hermosa que mis ojos vislumbraron, no
dudé que era perfecta, la mejor de todas y quería que fuera mía. Pero como era
muy especial debía cuidarla, acercarme con paciencia y en cámara lenta para no
afectarla. Ella me sedujo con su mirada y sus movimientos delicados. Me encantó
y la perseguí, mientras más me acercaba, más felicidad sentía, mi corazón se
gozaba y mis entrañas revoloteaban por el aíre. Me llené de emoción y no pude
detenerme, era tal la atracción que llegué hasta ella y cuando ella se entregó
totalmente, la dureza de mis manos heridas, lo punzante de mis dedos miedosos y
lo opresor de mis palmas imprudentes, rompieron la bella burbuja.
Brillante esfera que iluminaste mi existencia con tu presencia, no
quise dañarte, no quise arruinar el maravilloso arco iris que resplandecía en ti.
Ahora te veo ya no redonda y reluciente, sino sólo como un soplo de suave brisa
en mi piel. Sigues riendo maravillosa y entregándolo todo. Perdón por acabar
con todo tan rápido.
Iluminaste mi existencia con tu presencia... Gracias!
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