sábado, 17 de septiembre de 2011

Media suela para mi café

El reloj de la cafetería marcaba las 4:45 de la tarde cuando se acercó July, como todos los domingos para tomar la orden.
-Buenas tardes Barbara, hola Saúl. ¿Lo de siempre?- Preguntó sin verlos, mientras anotaba algo en la libreta.
-Sí, dos americanos y dos pastelillos. Pero agrega media suela para mi café.
-¿Media suela?- Preguntó July, al  mismo tiempo que dirigía la mirada hacia Saúl.
-Sí, media suela para mi café.- Repitió Saúl, mientras daba vuelta a la página del periódico que tenía en las manos.
July estaba confundida, su rostro demostraba que su acelerada mente se había detenido, intentando asimilar lo escuchado. Su mirada pasaba de Saúl a Bárbara repetidas veces, como esperando que alguno explicara lo que sucedía. Pero sus rostros permanecían aparentemente inmóviles, sin una gota de risa o extrañeza. July acostumbrada al trato con los clientes, descubrió que Saúl permanecía con cierto grado de frustración e inconformidad. Sin embargo sus ojos brillaban como perdidos, soñando algo maravilloso. Pasaron varios minutos hasta que se atrevió a preguntar de nuevo:
-¿Media suela?
-Sí, media suela.- Respondió Bárbara. -¿Tienen?
-Me temo que no.
-Bueno, no te preocupes, yo venía preparada.- exclamó Bárbara con una sonrisa pícara. Buscó dentro de su bolsa de mano y sacó media suela de zapato. Se la entregó a July y le pidió que la colocara en el café de Saúl.
Ella la recibió y se dirigió a la cocina sin entender lo que pasaba.
Todo había iniciado tres meses antes cuando Saúl se rehusó a que su suegra viviera en su casa. Él insistía en que no habría humillación más grande que ésa, mientras que Bárbara no entendía por qué su “buena y generosa madre” no era bien recibida en casa.
En una ocasión mientras discutían, Saúl dijo:
-Prefiero que mi café tenga media suela a vivir con la bruja de mi suegra.
Desde entonces, convirtió esta frase en su consigna personal. Cada vez que Bárbara invocaba el nombre de su madre, él repetía la única frase en la que se sentía seguro. Era tal su convicción, que en cada taza de café que tomaba, saboreaba, imaginariamente, la media suela de su zapato.
Un día, cansado de las discusiones y sabiendo que su esposo no daría marcha atrás en sus criterios, Bárbara le dijo que lo dejaría en paz, sólo si ella misma lo veía cumplir su consigna.
El reloj marcó las 5:00 y bajo la mirada de asombro de Bárbara, July y uno que otro curioso, Saúl, firme en su convicción tomó su café con media suela. Lo hizo lento, disfrutando cada sorbo, con una sonrisa de satisfacción y gozando del sabor de la libertad.

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