sábado, 17 de septiembre de 2011

Vida

Ondeando como  bandera, movida sólo por el viento. Así inicia la suave travesía, el viaje a su destino. Se desliza tiernamente acariciada y acariciadora, sintiendo las cosquillas que la hacen estremecer y girar de alegría. ¡No, no cae! Solamente se resbala sostenida por los hilos imaginarios que la unían a la rama, de la que ya no forma parte.
No parece una triste despedida, sino la danza del adiós con vueltas y delicados movimientos, que son agradecimiento por la vida, el alimento y el sostenimiento.
De esta manera entrega su vida lentamente, como el anciano incapaz de valerse por sí mismo, sólo le queda dejarse llevar al lugar en donde esperará que el tiempo decida llevarlo. Será en donde todo lo que posee, se transforme en servicio, en entrega de todo lo propio para generar nueva vida. El sacrificio de amor.
Así, llega, y de nuevo queda inmóvil la verde manifestación de vida, la hoja que un día brilló bajo el sol y que ahora descansa a la sombra de su progenitor.

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