jueves, 16 de mayo de 2013

El ascenso - Javier González Serrano



“Cuando todo está perdido, todo es posible”
Emmanuel Levinas

Tras la pérdida total de sus bienes materiales y de lo que parecía la vida perfecta, Julián Almendares se pone al frente de su familia y los levanta del precipicio al que habían caído. Siendo un chaval de menos de catorce años de edad, se convierte en el héroe de la historia. A base de coraje, esfuerzo, valentía y verdadera convicción, alcanza su libertad como hombre y la de su desintegrada familia. Una historia carga de aventura, sorpresa y sobre todo de crecimiento es la oferta que Javier González Serrano entrega en su primera novela El ascenso. Al presentar a Julián en su proceso de desarrollo describe los cambios físicos y psicológicos del inteligente muchacho predestinado a ser la ruina de todo un imperio.

En una arriesgada presentación de la realidad centroamericana, El ascenso se sumerge en el doloroso azote que significa el narcotráfico. Todo lector de la región podrá sentirse identificado con la realidad de violencia y miedo colectivo que presenta esta novela social. Si bien la originalidad de la obra no está en que se presente la realidad actual de una región, si se encuentra en la cruda y descriptiva forma de hacer visible los contrastes entre los ciudadanos comunes y aquellos seres que llegan a endiosarse aduciendo poder infinito sobre gobiernos, territorios y vidas. Es un acercamiento al mundo tan conocido, y desconocido a la vez, de los capos y los grandes carteles de la droga. El límite entre ser parte del negocio y estar en contra se encuentra marcado por una diminuta línea fronteriza casi invisible. Pero división inviolable, una vez cruzada la línea no tiene regreso. La única garantía que vale, es la propia vida, de la cual ya no se es dueño pues todo pertenece al emperador del narcotráfico. Ya sea por el gusto de una buena vida sin mayores esfuerzos o por la necesidad de luchar por la supervivencia, los personajes representados se mueven en este límite y muestran lo sencillo que resulta dejarse atrapar en la redes del narcotráfico.

Javier González hace uso de la tercera persona para ser el omnisciente narrador y además permite que por medio de una serie de notas de diarios y transcripciones de reportajes periodísticos, el lector se adentre en la angustia y aflicción de la ciudad de Zontoles. Notas que pueden perfectamente compararse con publicaciones de rotativos del norte de Centroamérica o México. Noticias que se han convertido en el pan nuestro de cada día y que una vez leídas no dejan más que un inquietante sabor a injusticia, a miedo y a desesperanza. Gobiernos enteros, desmoralizados en su impotencia frente a los dueños y controladores del país. Pueblos, barrios y ciudades llenos de peones de ajedrez listos para lanzar su ataque hacía cualquier lugar y acabar con todo obstáculo en su juego para inmortalizar a su rey. "Plata para los amigos, plomo para los enemigos y palo para los indiferentes" esta es la filosofía de los sicarios y de los grandes dueños de los narco-negocios. Todos tienen parte en esta nueva división social y nadie se escapa de su premio o castigo.

Esta original novela publicada en enero de este año, no puede apartarse del sentimiento por excelencia, el amor, y el antagónico odio. El dolor causado por muertes de familiares y amigos inocentes enardece en odio a quienes, orgullosos de su limpia conciencia, deciden emprender comunitariamente la destrucción del maligno poderío de El Hombre. El más poderoso y buscado narcotraficante del mundo. Una lucha contra el más poderoso hombre de la tierra. Una empresa que pocos se atreverían a enfrentar, pero que un grupo de hombres y mujeres unidos por amor a la libertad y el odio al Hombre, asume con destreza y coraje.

Sin ser novel escritor, Javier González capta la atención del lector con un muy bien logrado lenguaje sencillo y campechano, atrayendo mentes aventureras. Sobre todo mentes que siguen esperando una posible solución a la problemática de violencia. Al mismo tiempo transmite sentencias de gran profundidad, convertidas en frases de una sabiduría un tanto popular y asequible a todo público. Con un relato cronológico y con algunas retrospecciones aclaratorias el autor conduce de un hilo continuo toda la historia, envuelve a su público y le regala un entretenido relato. Como cronista de su tiempo sabe enmarcar las situaciones de tal manera que no se escape detalle alguno. Diez capítulos son suficientes para desarrollar toda la trama y llegar a conocer detalles importantes de los personajes de quienes, sin menospreciar el buen trabajo descriptivo, a mi parecer se podría escudriñar más en su psicología. Por ejemplo un psicoanálisis del Hombre, y dejando a un lado los personajes típicos como el Chacal, se amarraría una mejor profundidad.

Empezando por el abismal vacío, frustración y decepción de Rosa, la madre de Julián, que postrada se convierte en la “viva imagen de la desesperación irreversible”, el valeroso adolescente asciende rápidamente por un camino empinado. Con todas las probabilidades en su contra, logra dar a la ciudad de Zontoles la “limpieza y purificación” que durante varios años buscó. Una travesía en contra del poder, la fuerza y la salvaje ley natural de la supervivencia del más fuerte. Un camino que sonríe, pero sólo para Julián y que llena de impaciencia el corazón del lector, haciéndolo desear más aventuras y soluciones. Una novela, en fin, llena de contrastes y realidad que permite soñar con la posibilidad de lo “inalcanzable”.