Responder a la pregunta ¿existe el tiempo? Puede ser
de entrada un intento frustrante por buscar algo que sobrepasa nuestra
capacidad. Pero sí puedo responder por la existencia del tiempo PARA MÍ. Eso
cambia grandemente la situación y es exactamente lo que intentaré compartir.
Por lo tanto, este recorrido será por la concepción de tiempo que he aprendido
y que me acompaña.
Empezaré diciendo que el tiempo es la duración de las
cosas que se modifican, que tienen en ellas alguna trasformación o mudanza.
Esto nos llevaría a recordar por ejemplo a Mercedes Sosa que canta diciendo
«Cambia, todo cambia», o a Heráclito que hace cientos de años expresaba su
pensamiento diciendo que: «todo fluye». Podríamos decir, que es el cambio quien
origina el tiempo. Si todo permaneciera inmóvil, sin modificación, entonces no
habría nada que medir, ni alteración, ni cambio.
Son los cambios quienes permiten que surja la
historia. El tiempo es la medición del recorrido de la historia, es el intento
de enmarcar o medir el camino, que algo o alguien, ha experimentado. Tal vez
sea el deseo de controlar o sentir el “poder” de manejar y estar por encima del
cambio. En este sentido la posible existencia del tiempo es una inquietante
tortura, un tsunami imparable que arrasa con todo a su paso; se ha convertido
en un verdadero sufrimiento para muchos hombres y mujeres y, desde mi punto de
vista, se debe a lo corto de la vida humana.
Para explicar esto diré que como cristiano también he
encontrado frases en la biblia que me hablan del tiempo, por ejemplo, el pasaje
que dice «Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el sol» (Ecl. 3, 1).
Este versículo alcanza en mí un sentido que, con ayuda de la física, puedo
entender ahora. Fue gracias a que en la clase de Cosmovisión se dijo: “En
tiempos largos la atmósfera es más estable, pero en tiempos cortos es un caos
complicadísimo”. Esto hace referencia a que es muy difícil intentar comprender
lo que sucede durante un día en la inmensa capa de aire que rodea la tierra.
Los fenómenos son muy complejos para entenderlos y organizarlos
matemáticamente, porque los cambios que en el ambiente suceden son muchos y
enredados. Pero si en lugar de evaluar un día, o inclusive un año, evaluamos
500,000 años, el estudio se va haciendo cada vez más sencillo. Pues los cambios
en escalas más extensas de tiempo son cada vez menores, y la facilidad de
entenderlos se amplía.
Por eso, bajo el sol todo tiene su tiempo dentro de
este “diminuto planeta”, y bajo las condiciones de una vida corta es muy
complicado entender la compleja humanidad. Más aún, cuando un humano observa el
transcurso de un día de su vida, puede sentir miedo por la dificultad de
entender cómo es posible ese paso del
tiempo. Se desprende de lo anterior que nuestra percepción de la vida va
por detrás de la realidad, es decir, que percibimos el presente ya como un
recuerdo vivido.
Por otro lado, me atrae lo que el diccionario de la
Real Academia Española dice en la octava acepción sobre el tiempo: “Oportunidad,
ocasión o coyuntura de hacer algo”
(2001: tiempo). Oportunidad[1]
tiene una connotación hacia futuro, es todo aquello posible, lo que aún no ha
sucedido y que tiene potencial de ocurrir. Entender el tiempo como oportunidad
abre una puerta distinta, es apoderarse no del control sobre el tiempo, sino de
la utilización del tiempo. El poeta, capaz de captar esta intuición dirá: “El tiempo soy yo mismo, mientras ando en el
tiempo... ¿Seré yo tiempo? ¡Cómo todo!” (Martínez,
1999: 633). Muchos humanos, aquellos que no le temen al paso del tiempo, lo expresan
en palabras populares., Como René Pérez
de la agrupación calle 13, en su canción La
vuelta al mundo, que dice «El tiempo no me mueve, yo me muevo con el
tiempo». Es la forma de enfrentarse al cambio constante al que nos sometemos, y
del cual no podemos librarnos, si lo hiciéramos, dejaríamos de ser. La vida es
proceso, tiempo, acción, movimiento, es tiempo que camina.
Finalmente, no puedo responder a la existencia del
tiempo, pero si puedo responder que en mí su existencia es una consecuencia del
cambio, y este, de la vida. Prefiero entenderlo como la oportunidad, brindando un sentido que me permita movilidad,
libertad y vida.
Lista de referencia bibliográficas
Martínez, A. (1999). Poesías Completas. 2 Vol. E. Del Rio:
Pamplona.
Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española, Tomo 2. (22ª. Ed.). Madrid:
Editorial Espasa Calpe, S.A.
[1] Entiendo que
el significado ofrecido por el diccionario hace referencia a la utilización de
tiempo en frases como: “es tiempo de sembrar los granos”, o “a su tiempo”. Es
decir como referencia de unificación de condiciones necesarias para la
realización de algo.
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