jueves, 16 de mayo de 2013

Mística intelectual



Mística intelectual es la mejor forma de concentrar en dos palabras el libro El trabajo intelectual de Jean Guitton. Este texto es una recopilación de consejos para mejorar en el desarrollo y puesta en práctica del pensamiento. Fue escrito originalmente en francés bajo el título Le travail intellectuel. Para el año 2005 Francisco Javier de Fuentes presenta la traducción española. Tomando como base esa versión se expondrá esta útil obra.
Hablar de personajes como Jean Guitton con un gran peso curricular, puede parecer cansado. Hacer un listado de bibliografía publicada, de su amplísima experiencia como docente y de su participación en importantes eventos de para la religión católica, podría llenar varias páginas de datos que finalmente dirían poco, de lo mucho que este personaje hizo. Sin embargo, compartiré algunos datos que den una idea de su actividad intelectual. Licenciado en filosofía y doctor en Letras, se dedico a la actividad del pensamiento y publicó obras como: El amor humano (1948), El pensamiento y la guerra (1969), El amor divino (1971) y, Dios y la ciencia (1985). ¿Podríamos llamarlo místico del pensamiento? Después de lectura de El trabajo Intelectual yo me atrevería a hacerlo. Goñi escribe un artículo en ocasión de la muerte de Guitton y se refiere a él diciendo:
Quizá para comprender a Guitton haya que recordar que para él una cosa es la verdad, otra la mentalidad de una época y otra la espiritualidad. Él siempre tuvo las tres en cuenta y por eso su pensamiento contiene esa pizca de ambigüedad que le hace tan atractivo (Goñi, 1999).
El tiempo actual con el avance tecnológico y los cambios socioculturales ha requerido de la atención especial de los hombres que se interesan por la labor intelectual. Guitton, en su tiempo, lo hizo, aprovechando su propia experiencia. El texto publicado por Ediciones Rialp, S.A. en el año 2005, consta de 155 páginas a un tamaño media carta y contiene ideas sencillas pero de gran valor. El libro está dividido en once capítulos, pero para explicar el desarrollo del mismo lo he fragmentado en tres secciones que titulo: descubrir [capítulos I y II], intentar [capítulos III y IV] y perfeccionar [capítulos del V al XI]. El hilo que se encarga de entretejer estas secciones es la idea que nuestra energía mental o capacidad de pensamiento es abundantísima y que sabiendo cómo atenderla y hacia dónde orientarla podemos crear, mejorar y perfeccionar nuestro propio trabajo intelectual.
Inicialmente se presenta el descubrir de lo que hay que hacer, de mis capacidades y de la oportunidad de “redescubrir” mi intelectualidad en la cotidianidad. Guitton dirá que “El valor de una inteligencia no consiste tanto en su ciencia […] como en la posesión de costumbres muy vivas que le permiten adaptar su saber y sus principios a la singularidad de los casos siempre nuevos” (2005: 36). Se trata entonces de apropiarse profundamente de los pensamientos, pero no como quien atrapa un pajarillo entre las manos, sino como quien es capaz de brindarle un dedo para sostenerse y lo observa y acaricia. En otras palabras se trata de tener la atención disponible como místico que busca.
Seguido al descubrir surge el intentar. Es indispensable que dado el primer paso nos dispongamos a trabajar. No se aprende a rajar leña sólo viendo, es necesario tomar el hacha y echar mano al tronco. Guitton motiva a no temer a las creaciones “monstruosas” que puedan surgir de nuestra mente. Es necesario deshacerse de la pereza e iniciar nuestra labor. “Una frase pésima vale más que un papel en blanco” (Guitton, 2005: 63). El error es parte del aprendizaje, por eso aún cuando no se está seguro de la obra, se debe poner en marcha. El tiempo y la profundización continua permitirán facilitar este paso. El aprendiz místico es entonces proactivo, tiene iniciativa. Su deseo intelectual le hace tomar el hacha con sus propias manos y empezar a mal rajar leña.
Avanzados los dos primeros pasos, hay que adentrarse en el perfeccionar. No se trata en esta parte de un alcance cuantitativo sino más bien cualitativo. Es llevar el trabajo intelectual a un nivel superior, pues una vez realizado y reposado el trabajo, necesita ser pulido y depurado hasta alcanzar su perfección. Además esta búsqueda no es un afán obsesivo sino un deseo de concretar de tal manera el método de trabajo, que se pueda decir con Guitton que “lo excelente […] cuesta menos trabajo que lo mediocre (2005: 64). Bajando esta idea al pensamiento popular diríamos que lo barato, sale caro. Por ello la mística intelectual es la dedicación de la vida misma al pensamiento, ya que permaneceremos en un constante avance. Aún cuando el método personal dé sus propios frutos, este método seguirá perfeccionándose.
De esta manera intento resumir los muchos consejos prácticos que Jean Guitton presenta como motivación para desarrollar el propio método intelectual. Su obra escrita hace 61 años sigue teniendo actualidad, pero se queda atrasada en cuanto al desarrollo tecnológico que el mundo actual ha vivido. Aunque el mismo Guitton asegure que se trata sólo de esperar que la rueda de la experiencia de media vuelta y demuestre que la pedagogía antigua es útil y necesaria (cf. 2005: 117). Por otro lado es de mucho provecho el que los capítulos del libro no lleven una secuencia rígida, sino que el lector pueda adentrarse en cualquiera de ellos sin haber leído los anteriores. Pero la lectura requerirá de bastante atención por dos razones: la primera es que siendo una traducción del francés, algunas ideas podrían no tener la profundidad que en el idioma original posee. Y la segunda se debe al hecho que el autor hace referencia a nombres de personas, lugares y situaciones que para él y los franceses son comunes.
Por todo lo anteriormente dicho, El trabajo intelectual de Jean Guitton es una obra que invita a la mística intelectual, a la íntima unión del pensamiento y el deseo. Incita a la permanencia siempre abierta de mejora y al disfrute de nuestra capacidad pensante. Si se empezó concentrando todo lo dicho por Guitton en dos palabras, me gustaría cerrar con el consejo que utilizado para concluir. Citando el Eclesiástico Guitton dice: “darse alegría en el trabajo, hacer gozar el alma en medio del trabajo” (2005: 155).


Referencias bibliográficas
Guitton, J. (2005). El trabajo intelectual. (3ª. Ed.). Madrid: Ediciones RIALP, S.A.
Goñi, C. (1999). Jean Guitton: un siglo, una vida: Muere uno de los grandes filósofos del siglo XX. Aceprensa. Recuperado el 28 de marzo del 2012, de http://www.aceprensa.com/articles/jean-guitton-un-siglo-una-vida/

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