jueves, 16 de mayo de 2013

Amada Sofía (σοφία)



“Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber” (Aristóteles, 1983: 11). Miles de años de historia han acompañado el estudio filosófico de cientos de hombres y mujeres. ¿Qué tienen en común todos estos filósofos? Con base a esta interrogante presento la tesis que sostendré: El amor a la sabiduría (σοφία) es la constante de los filósofos.
Para ejemplificar la tesis utilizaré un relato de Anthony de Mello. Un anciano peregrino recorría su camino hacia las montañas del Himalaya, donde deseaba estar. Viajaba bajo una gran tormenta pues era invierno. Al llegar, un posadero le preguntó: « ¿Cómo ha conseguido llegar hasta aquí con este tiempo de perros, buen hombre? » Y el anciano respondió alegremente: « Mi corazón llegó primero, y al resto de mí le ha sido fácil seguirle» (cf. 1992: 222).
Para empezar veremos que el amor según la Real Academia Española es un “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” (2001: Amor). Entonces primero preguntaremos ¿qué se ama? Si utilizamos el relato del anciano, cuyo corazón (amor) estaba consagrado a las montañas del Himalaya, podríamos responder que se ama aquello que se desea, que hace experimentar el impulso de atracción, lo novedoso. Según Aristóteles, es el saber aquéllo que el hombre desea. Pero ese saber del que habla, no es un saber cualquiera, es:
(…) ese saber especial que tenemos, que adquirimos después de haberlo buscado, y de haberlo buscado metódicamente, por medio de un método, es decir, siguiendo determinados caminos, aplicando determinadas funciones mentales a la averiguación (García Morente, 2000: 21, 8-12).
En otras palabras ese saber es entonces σοφία misma. El anhelo del hombre es encontrar ese saber concreto.
Por lo tanto, la segunda cuestión sería ¿cómo podemos amar la sabiduría, si no la conocemos? ¿Es indispensable conocerla para amarla? Para responder estas interrogantes debemos recordar que la sabiduría no puede ser poseída. No es algo que se pueda agarrar o tener, por el contrario, ella es quien puede llegar a poseernos. Es ella quien se da, según la apertura que se tiene para recibirla. Para el anciano de la narración, su fortaleza fue la disposición o “idea” de llegar a las montañas. En este sentido, si seguimos el método de la dialéctica platónica, se trataría de “(…) anticipar el saber que buscamos, pero inmediatamente negar y discutir esa tesis o esa afirmación que hemos hecho y depurarla en discusión” (García Morente, 2000: 21, 21-23). No es necesario conocer la sabiduría, pues ella misma será el fruto de nuestro amor. Σοφία se dejará amar, conforme nos dispongamos a su encuentro.
En tercer lugar, otro aspecto a analizar sería la transformación de la sabiduría a través del tiempo. Σοφία está viva, cambia. Desde ese cambio el amor debe acogerse como un seguimiento. Se le puede vivir desde un caminar con ella. Esto requiere de esfuerzo, de dedicación. El posadero que recibió al anciano en las montañas quedó verdaderamente admirado de la acción realizada por éste para llegar. El amor fue su impulso para adecuarse y soportar las inclemencias climáticas. No es posible alcanzar la sabiduría con sólo admirarla, respetarla o inclusive buscarla, ella como ser viviente cambia y por lo tanto es necesario amarla, para seguirla por sus insondables caminos. A este respecto en el periódico El Nuevo Diario (2012), Altamirano hace referencia al amor diciendo que es “Ensoñación que posibilita la realización de grandes hazañas y proezas jamás pensadas” (p. 11A).
Finalmente, el filósofo es aquel que se entrega completamente al amor de la sabiduría. Al amor de ese especial saber adquirido, que aunque no se le conoce totalmente, se le encuentra al disponerse a él. Un amor completo que vence adversidades. En resumen, un amor total a σοφία.


Referencias bibliográficas
Altamirano, B. (2012, 14 febrero). El día del amor y la amistad. El Nuevo Diario, p. 11A.
Aristóteles. (1983). Metafísica. (12ª. Ed.). México: Espasa-Calpe Mexicana, S.A.
De Mello, A. (1992). La oración de la rana 1. (8ª. Ed.). Santander: Sal Terrae.
García Morente, M. (2000). Lección I – El conjunto de la filosofía. En C. Sosa (comp.). (2012). Compendio MTI 2012: Lecturas, guías y documentos básicos para la asignatura Métodos del Trabajo Intelectual. (pp.17-27). Managua: s/e.
Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española, Tomo 1. (22ª. Ed.). Madrid: Editorial Espasa Calpe, S.A.

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