jueves, 16 de mayo de 2013

El Ser en Tomás de Aquino


La cultura posmoderna es como el espectro de colores que un prisma muestra al dejar pasar un rayo de luz, es decir, es una amplia gama de diferentes tonalidades y colores. Como resultado de la globalización, el acelerado desarrollo tecnológico, y el inminente tiempo de cambio, el posmodernismo refleja una serie de realidades que merecen nuestra atención. ¿Desde qué punto de vista se puede analizar nuestra realidad? ¿Puede esta crisis aportar un cambio favorable para la humanidad? ¿Es posible explicar los fenómenos actuales? Para dar este paso, se hará uso del pensamiento de Tomás de Aquino, doctor de la iglesia católica y principal representante de la escolástica. Su gran aporte fue hacer una lectura de la obra de Aristóteles y relacionarla, desde sus conocimientos teológicos, con la revelación cristiana. El pensamiento sobre el Ser desarrollado por este personaje, tiene una gran profundidad y actualidad; por ello, y sin el afán de abarcarlo totalmente, quisiera desplegar esa concepción del Ser en tres partes esenciales: la definición del ser y sus fundamentos, la participación del Ser y la explicación de sus principios y, finalmente, las escalas de valor, sin dejar de lado las cuestiones iniciales sobre la cultura actual.
Para entender el Ser tendríamos que definirlo, para ello tomaremos lo que al respecto de Tomás de Aquino dice Ferrater-Mora:
la noción del ser es, por lo pronto, comunísima, de modo que tal noción de ser es la primera que cae bajo la aprehensión[1] (o el entendimiento)… el ser es un trascendental, porque está absorbido en todos los seres y al mismo tiempo por encima de todos ellos trascendiéndolos (1984: ser).
Con esta definición se entiende que lo primero que se conoce es el Ser, pues está incluido en todo cuanto conocemos o podemos llegar a conocer y es todo lo real. Pero el Ser no es creado de una manera subjetiva, es decir, no es una idea implantada por el espíritu, sino que es encontrado por nosotros, es transubjetivo. Entonces, nos es posible conocer el Ser por medio del encuentro con él. Entender el Ser desde esta concepción de “encontrar”, continúa siendo una visión real y actual, desde ella se puede entender la característica de la cultura actual por la cual se considera al ser humano un ser integral conformado por “la materia y la forma, unidas.” (Menocal, 2008: 60). En esto consiste el ser propio y real.
Para entender mejor, es necesario que se conozca cómo está conformada la explicación del Ser. El pensamiento tomista recibe de Aristóteles la teoría de las cuatro causas en las que se fundamenta el ser desde el principio de movimiento: la causa material, aquello de que está hecha una cosa, que aun siendo pasiva, es necesaria; la causa formal, lo que es una cosa por la concentración y limitación de materia en determinado ser, gracias a una sola forma que fija una cosa en su totalidad; la causa eficiente, el agente que la produce, es el motor o estímulo que desencadena el proceso; y la causa final, el para qué de una cosa, es una especie de destino que dirige el proceso, en otras palabras, la causa de la causalidad es el fin (Cf. Anónimo, 2006).
Otra forma de acercarnos al Ser, es por medio de la teoría de la participación en la que el tomismo también se basa, y en la cual se entiende y denominan las cosas desde algo anterior a ellas. Esto es tomado de la revelación en base al concepto de creación. De esta manera se da una afinidad creador-criatura ya que “El ser propio de las cosas, se encuentra según Tomás en la propia esencia de Dios” (Menocal, 2008: 60). Con esto se intenta explicar que Dios es el agente causal de quien proceden todas las cosas según su propia esencia, dando participación en él, porque de la emanación no se expresa plenamente la idea, sino que solamente se tiene parte en ella. Es importante resaltar que Dios es el tema central de este pensador y profundiza en torno a temas relacionados a la revelación.
Una vez conocido el Ser, es posible adentrarnos en las explicaciones que Tomás de Aquino, basado en Aristóteles, ofrece respecto a los principios del Ser. Para ello hace uso de conceptos como accidente, sustancia y esencia, aportando así, una respuesta a la interrogante del movimiento. Se parte de que la sustancia es la materia y la forma unidas, como se ha dicho arriba, es el ser por sí, además que es sujeto específico y particular. Pero no significa que esté libre de la causalidad, de la cual solo la sustancia divina está independiente. Por su parte, la esencia es todo aquello que es idéntico en muchos individuos, todo que les da una naturaleza compartida y que no puede existir sin la sustancia. De esta forma, los accidentes están de manera circunstancial, es decir, pueden o no estar; acá se incluyen por ejemplo: tamaño, cantidad, color, etcétera. Un ejemplo para expresar lo anteriormente dicho puede ser un hombre, cuya sustancia primera es su “Ser hombre”, su esencia es todo lo que lo une a todos los hombres, aun cuando ha sufrido un cambio, por ejemplo la pérdida de un dedo de la mano, eso no modifica su esencia. Lo accidental se observa en las características y posibilidades que tiene, como ser de raza negra o blanca, gordo o flaco, entre otros.
Toda esta concepción del Ser según Tomás de Aquino, que he intentado plasmar en estas páginas, admiten de fondo algunas categorías o grados del Ser conocidas como escalas de valor. En ellas se contempla el hecho que la creación de Dios fue hecha perfecta y dicha perfección incluye la multiplicidad de formas y lo que hace posible la concepción jerárquica de la realidad. Tomás de Aquino dice:
el artífice de una casa no hace todas sus piezas de igual valor, sino más o menos buenas según lo pide el orden del conjunto… Así Dios no lo ha creado todo igual; porque un universo que no se estructura sobre múltiples grados de ser, sería imperfecto (Menocal, 2008: 62).
Según el pensamiento tomista, para que la creación sea perfecta es necesaria la estructura dividida en diferentes grados o niveles; esta reflexión es de alguna manera incompatible con la idea de Dios. Por esta cuestión surgió una reacción crítica muy fuerte contra esta posición tomista, e inclusive, contra la misma idea de Dios. Se trata de la oposición iniciada con Kierkegaard, padre del existencialismo.
Antes de concluir quisiera transcribir una reflexión en torno a esta filosofía, tomando en cuenta que pertenece a una época específica, pero que de alguna manera continúa vigente en la actualidad. Por ello deseo retomar las preguntas iniciales de este ensayo y pensar en la posibilidad de obtener alguna luz desde Tomás de Aquino.
En el presente, por una parte, se vive un clima de individualidad (quizás egoísta), cada persona desea ser reconocido como un humano con derechos, conocimientos y valores que lo hacen especial y por los que exige respeto, tolerancia y aceptación. Todo esto en un contexto de frágil comunicación, a pesar de los múltiples medios de comunicación que “facilitan” el estar cerca de los otros. Estas “redes sociales”, muchas veces reflejan la falta de sentido, la crisis existencial o, en otras palabras, el desconcierto frente a la inmensidad del mundo globalizado y a sus rápidos cambios. La complejidad de la situación se presenta al encontrar a muchos hombres y mujeres sin un sentido para su vida, sintiéndose abandonados y sin conocerse en lo más mínimo.
Por otro lado, el ser humano de hoy, en la necesidad de sentirse parte de algo, ha hecho manifestaciones multitudinarias para participar en grupos como #Yosoy132 o #Todossomosgaza. En ello demuestra su deseo de ingresar a la realidad y asumirla. Al tomar una posición frente a la realidad, con un pensamiento racional y, de alguna manera reconociendo en ello una esencia común con los otros humanos se avanza en una postura des-individualista que favorecería la incidencia en la realidad. La concepción del Ser en su totalidad ayudaría al entendimiento del poder de la propia voluntad y libertad respecto del mundo. De acuerdo a esta idea del tomismo Huerta (2008) dice:
Y éste es el descubrimiento que anticipa la instancia moderna de que el acto no puede ser más que acto, y que la libertad –en cierto modo- no puede fundarse más que en sí misma, en cuanto que la voluntad misma es el principio que mueve la actividad de toda la persona, también de la inteligencia.
En conclusión, el profundo y organizado pensamiento del Ser desarrollado por Tomás de Aquino ha brindado a la humanidad un inmenso aporte de razonamiento y de entendimiento de la realidad. Su genialidad más grande es la forma en que aprovecha el aristotelismo y platonismo para reformular un pensamiento propio sobre el Ser y hacer la conciliación con la revelación cristiana. Además es una filosofía que aunque desarrollada hace cientos de años, posee una validez actual que puede orientar el rumbo de la historia.


Lista de referencia bibliográficas

Anónimo. (2006). Santo Tomás de Aquino. (3.2 Metafísica. Los elementos aristotélicos). Recuperado el 23 de noviembre de 2012 en http://www.ecured.cu/index.php/Santo_Tom%C3%A1s_de_Aquino.
Ferrater-Mora, J. (1984). Diccionario de filosofía. (5ª. Edición) Madrid: Alianza Editorial.
Menocal, J. (Comp.). (2008). Filosofía Medieval (Expediente de asignatura). Managua: s/e.
Huerta, V. (2008). Actualidad de Tomás de Aquino. Recuperado el 23 de noviembre de 2013 en http://textosserypersona.blogspot.com/2008/02/actualidad-de-toms-de-aquino.html








[1] Esta expresión utilizada por el autor citado se encuentra en (S. th. I-II, 94,2)

No hay comentarios:

Publicar un comentario