La cultura posmoderna es como el
espectro de colores que un prisma muestra al dejar pasar un rayo de luz, es
decir, es una amplia gama de diferentes tonalidades y colores. Como resultado
de la globalización, el acelerado desarrollo tecnológico, y el inminente tiempo
de cambio, el posmodernismo refleja una serie de realidades que merecen nuestra
atención. ¿Desde qué punto de vista se puede analizar nuestra realidad? ¿Puede esta
crisis aportar un cambio favorable para la humanidad? ¿Es posible explicar los
fenómenos actuales? Para dar este paso, se hará uso del pensamiento de Tomás de
Aquino, doctor de la iglesia católica y principal representante de la
escolástica. Su gran aporte fue hacer una lectura de la obra de Aristóteles y
relacionarla, desde sus conocimientos teológicos, con la revelación cristiana.
El pensamiento sobre el Ser desarrollado por este personaje, tiene una gran
profundidad y actualidad; por ello, y sin el afán de abarcarlo totalmente,
quisiera desplegar esa concepción del Ser en tres partes esenciales: la
definición del ser y sus fundamentos, la participación del Ser y la explicación
de sus principios y, finalmente, las escalas de valor, sin dejar de lado las
cuestiones iniciales sobre la cultura actual.
Para entender el Ser tendríamos
que definirlo, para ello tomaremos lo que al respecto de Tomás de Aquino dice
Ferrater-Mora:
la noción del
ser es, por lo pronto, comunísima, de modo que tal noción de ser es la primera
que cae bajo la aprehensión[1] (o el
entendimiento)… el ser es un trascendental, porque está absorbido en todos los
seres y al mismo tiempo por encima de todos ellos trascendiéndolos (1984: ser).
Con esta definición se entiende
que lo primero que se conoce es el Ser, pues está incluido en todo cuanto
conocemos o podemos llegar a conocer y es todo lo real. Pero el Ser no es creado
de una manera subjetiva, es decir, no es una idea implantada por el espíritu, sino
que es encontrado por nosotros, es transubjetivo.
Entonces, nos es posible conocer el Ser por medio del encuentro con él. Entender
el Ser desde esta concepción de “encontrar”, continúa siendo una visión real y
actual, desde ella se puede entender la característica de la cultura actual por
la cual se considera al ser humano un ser integral conformado por “la materia y
la forma, unidas.” (Menocal, 2008: 60). En esto consiste el ser propio y real.
Para entender mejor, es necesario
que se conozca cómo está conformada la explicación del Ser. El pensamiento
tomista recibe de Aristóteles la teoría de las cuatro causas en las que se
fundamenta el ser desde el principio de movimiento: la causa material, aquello de que está hecha una
cosa, que aun siendo pasiva, es necesaria; la causa formal, lo que es una cosa por la concentración y limitación de
materia en determinado ser, gracias a una sola forma que fija una cosa en su
totalidad; la causa eficiente, el
agente que la produce, es el motor o estímulo que desencadena el proceso; y la
causa final, el para qué de una cosa,
es una especie de destino que dirige el proceso, en otras palabras, la causa de
la causalidad es el fin (Cf. Anónimo, 2006).
Otra forma de acercarnos al Ser,
es por medio de la teoría de la participación
en la que el tomismo también se basa, y en la cual se entiende y denominan las
cosas desde algo anterior a ellas. Esto es tomado de la revelación en base al
concepto de creación. De esta manera se da una afinidad creador-criatura ya que
“El ser propio de las cosas, se encuentra según Tomás en la propia esencia de
Dios” (Menocal, 2008: 60). Con esto se intenta explicar que Dios es el agente
causal de quien proceden todas las cosas según su propia esencia, dando
participación en él, porque de la emanación no se expresa plenamente la idea,
sino que solamente se tiene parte en ella. Es importante resaltar que Dios es
el tema central de este pensador y profundiza en torno a temas relacionados a
la revelación.
Una vez conocido el Ser, es
posible adentrarnos en las explicaciones que Tomás de Aquino, basado en
Aristóteles, ofrece respecto a los principios del Ser. Para ello hace uso de
conceptos como accidente, sustancia y
esencia, aportando así, una respuesta a la interrogante del movimiento. Se parte de que la sustancia es la
materia y la forma unidas, como se ha dicho arriba, es el ser por sí, además
que es sujeto específico y particular. Pero no significa que esté libre de la
causalidad, de la cual solo la sustancia divina está independiente. Por su
parte, la esencia es todo aquello que es idéntico en muchos individuos, todo
que les da una naturaleza compartida y que no puede existir sin la sustancia.
De esta forma, los accidentes están de manera circunstancial, es decir, pueden
o no estar; acá se incluyen por ejemplo: tamaño, cantidad, color, etcétera. Un
ejemplo para expresar lo anteriormente dicho puede ser un hombre, cuya sustancia
primera es su “Ser hombre”, su esencia es todo lo que lo une a todos los
hombres, aun cuando ha sufrido un cambio, por ejemplo la pérdida de un dedo de
la mano, eso no modifica su esencia. Lo accidental se observa en las
características y posibilidades que tiene, como ser de raza negra o blanca,
gordo o flaco, entre otros.
Toda esta concepción del Ser
según Tomás de Aquino, que he intentado plasmar en estas páginas, admiten de
fondo algunas categorías o grados del Ser conocidas como escalas de valor. En ellas se contempla el hecho que la creación de
Dios fue hecha perfecta y dicha perfección incluye la multiplicidad de formas y
lo que hace posible la concepción jerárquica de la realidad. Tomás de Aquino
dice:
el artífice de
una casa no hace todas sus piezas de igual valor, sino más o menos buenas según
lo pide el orden del conjunto… Así Dios no lo ha creado todo igual; porque un
universo que no se estructura sobre múltiples grados de ser, sería imperfecto (Menocal,
2008: 62).
Según el pensamiento tomista, para
que la creación sea perfecta es necesaria la estructura dividida en diferentes
grados o niveles; esta reflexión es de alguna manera incompatible con la idea
de Dios. Por esta cuestión surgió una reacción crítica muy fuerte contra esta
posición tomista, e inclusive, contra la misma idea de Dios. Se trata de la
oposición iniciada con Kierkegaard, padre del existencialismo.
Antes de concluir quisiera
transcribir una reflexión en torno a esta filosofía, tomando en cuenta que
pertenece a una época específica, pero que de alguna manera continúa vigente en
la actualidad. Por ello deseo retomar las preguntas iniciales de este ensayo y
pensar en la posibilidad de obtener alguna luz desde Tomás de Aquino.
En el presente, por una parte, se
vive un clima de individualidad (quizás egoísta), cada persona desea ser
reconocido como un humano con derechos, conocimientos y valores que lo hacen
especial y por los que exige respeto, tolerancia y aceptación. Todo esto en un
contexto de frágil comunicación, a pesar de los múltiples medios de
comunicación que “facilitan” el estar cerca de los otros. Estas “redes sociales”,
muchas veces reflejan la falta de sentido, la crisis existencial o, en otras
palabras, el desconcierto frente a la inmensidad del mundo globalizado y a sus
rápidos cambios. La complejidad de la situación se presenta al encontrar a muchos
hombres y mujeres sin un sentido para su vida, sintiéndose abandonados y sin
conocerse en lo más mínimo.
Por otro lado, el ser humano de
hoy, en la necesidad de sentirse parte de algo, ha hecho manifestaciones
multitudinarias para participar en grupos como #Yosoy132 o #Todossomosgaza. En
ello demuestra su deseo de ingresar a la realidad y asumirla. Al tomar una
posición frente a la realidad, con un pensamiento racional y, de alguna manera
reconociendo en ello una esencia común con los otros humanos se avanza en una
postura des-individualista que
favorecería la incidencia en la realidad. La concepción del Ser en su totalidad
ayudaría al entendimiento del poder de la propia voluntad y libertad respecto
del mundo. De acuerdo a esta idea del tomismo Huerta (2008) dice:
Y éste es el
descubrimiento que anticipa la instancia moderna de que el acto no puede ser
más que acto, y que la libertad –en cierto modo- no puede fundarse más que en
sí misma, en cuanto que la voluntad misma es el principio que mueve la
actividad de toda la persona, también de la inteligencia.
En conclusión, el profundo y
organizado pensamiento del Ser desarrollado por Tomás de Aquino ha brindado a
la humanidad un inmenso aporte de razonamiento y de entendimiento de la
realidad. Su genialidad más grande es la forma en que aprovecha el
aristotelismo y platonismo para reformular un pensamiento propio sobre el Ser y
hacer la conciliación con la revelación cristiana. Además es una filosofía que
aunque desarrollada hace cientos de años, posee una validez actual que puede
orientar el rumbo de la historia.
Lista de
referencia bibliográficas
Anónimo. (2006).
Santo Tomás de Aquino. (3.2 Metafísica. Los elementos aristotélicos).
Recuperado el 23 de noviembre de 2012 en http://www.ecured.cu/index.php/Santo_Tom%C3%A1s_de_Aquino.
Ferrater-Mora, J. (1984). Diccionario
de filosofía. (5ª. Edición) Madrid: Alianza Editorial.
Menocal, J. (Comp.). (2008). Filosofía Medieval (Expediente de asignatura).
Managua: s/e.
Huerta, V. (2008).
Actualidad de Tomás de Aquino.
Recuperado el 23 de noviembre de 2013 en http://textosserypersona.blogspot.com/2008/02/actualidad-de-toms-de-aquino.html
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