jueves, 16 de mayo de 2013

Sorprender al deseo



En el convulsionado tiempo actual, está quedando fuera del interés de los humanos la acción de pensar, aquella que es su más importante diferencia de los animales. Se trata de un ejercicio que aunque le es inherente, requiere de ciertos requisitos. Entonces surge la pregunta: ¿qué es el acto de intelección? Para responder tomaré la idea que el acto de intelección es la combinación de un deseo como principal actor y unas condiciones internas básicas.
Iluminaré la tesis, utilizando una historia de mi invención: tenía Sebastián diez meses de edad y Ana, su madre, deseaba profundamente verlo dar sus primeros pasos. Todos los días lo motivaba y dedicaba horas enteras para no perder el momento de verlo andar. Hasta que de sorpresa lo vio soltarse del sofá y caminar sin ninguna ayuda. Esta historia ilustrará la importancia del deseo y las condiciones para el acto de intelección.
En primer lugar se trata de identificar la interrogante. Esto significa disponerse, colocarse en marcha. Es el paso inicial y desde el cual se buscará. Jean Guitton expresa maravillosamente esta idea diciendo: “Si hay verdaderamente un deseo, si el objeto del deseo es realmente la luz, el deseo de la luz producirá la luz” (2005:150). El deseo profundo de Ana fue querer ver a su hijo dar sus primeros pasos, esta fue la razón de su inquietud. Es el deseo del encuentro con aquello buscado lo que da la fuerza para alcanzarlo.   
En segundo lugar es necesario preparar el terreno. Así como Ana dedicó mucho tiempo a Sebastián, ayudándolo y motivándolo, los humanos que tienen la capacidad de pensar, necesitan crear ambiente, buscar condiciones propicias. Por condiciones entendemos el estar atento, disponible, a la expectativa, como sabiendo que de un momento a otro se encontrará lo que se busca. Al respecto Lonergan nos dice que: “el acto de intelección depende de una orientación habitual, de un estado de alerta constante, que plantea la pregunta mínima: ¿Por qué?” (2004: 15,18-20).
En tercer lugar se combinan las condiciones y el deseo, por lo que corresponde dejarse sorprender. Cuando Sebastián caminó, la admiración se apoderó de Ana. Fue un instante para gozar. Es el clímax en la vida intelectual. Inesperadamente, surge súbitamente el fruto del deseo y se llega a él como habiendo encajado todas las piezas de un rompecabezas. Utilizando palabras de Lonergan se puede decir que “Llegó como un relámpago, en una ocasión trivial, en un memento de placidez” (2004: 14, 28-29).
En conclusión, el acto de intelección es la sorpresa que descubre un deseo o inquietud. Sorpresa que no es fruto del azar, sino del propio esfuerzo que consiste en que las condiciones internas estén adecuadamente preparadas para producir la luz de la sorpresa.


Referencias bibliográficas
Guitton, J. (2005). El trabajo intelectual. (3ª. Ed.). Madrid: Ediciones RIALP, S.A.
Lonergan, B. (2004) Insight. Estudio sobre la comprensión humana. En C. Sosa (comp.). (2012). Compendio MTI 2012: Lecturas, guías y documentos básicos para la asignatura Métodos del Trabajo Intelectual. Managua: s/e.

No hay comentarios:

Publicar un comentario