Es facilísimo encontrar en las
redes sociales comentarios que demuestran la falta de sentido, la crisis
existencial o, en otras palabras, el desconcierto frente a la inmensidad del
mundo globalizado y a sus rápidos cambios. ¿Qué solución se podría proponer a
esta situación?, ¿será posible responder? Deseo presentar una opción propuesta
en la época medieval a una situación similar. Es una forma para enfrentar la
crisis por medio de mantener la dignidad del ser humano frente a la adversidad.
Para ello presentaré la obra culmen de Boecio -un pensador que concilió la
filosofía platónica y aristotélica- De
consolatione philosophiae.
El ser humano en todos los
tiempos de la historia ha permanecido en búsqueda del bien, por el cual lucha incansablemente durante su vida. “La
preocupación de los mortales […] conseguir la felicidad” (Boecio, s/f: 54). Por
lo que surge la pregunta: ¿cómo enfrentarnos a las vicisitudes de la vida
cuando pareciera que todo conspira en contra, cuando la fortuna gira la ruleta
del destino y nos hace pasar del bienestar al sufrimiento? Al final de su vida Boecio se enfrentó con la realidad
del destierro y el encarcelamiento, condición que consideró injusta y
denigrante. Pero no estuvo solo. La Filosofía, en forma de mujer, le consuela y
le conduce por un camino que, aunque amargo al inicio, finalizará en gran dulzura;
un camino hacia la felicidad verdadera. La desesperanza se había apoderado de
Boecio, pero fue necesario ser guiado por la senda de las aparentes
felicidades: empezando por la riqueza y todo lo concerniente a los bienes
materiales, siguiendo por las
dignidades, el poder y finalmente la gloria, el honor y la fama. La travesía en
busca de la felicidad abarca, según Boecio, el desprendimiento de todo lo
material y todo lo perteneciente a este mundo. Con ello mantiene una posición
claramente platónica de la realidad entre el mundo de la ideas y el mundo
sensible. La Filosofía le reprende diciendo: “¿Por qué, pues, ¡oh mortales!,
buscáis fuera la felicidad que está dentro de vosotros?” (Boecio, s/f: 39).
Todo lo anterior nos lleva a
preguntar por la libertad del ser humano, tomando en cuenta que pareciera no
tener implicaciones en lo que le sucede, sino, que sólo se ve afectado por los
sucesos y su libertad consiste en la elección de una manera para asumir el
devenir sin sufrimiento, entregando todo en manos de la fortuna. Julián Marías
dirá: “Los hados, que guían al que quiere, al que no quiere lo arrastran; es
inútil, pues, la resistencia” (1974: 89). Pero la Filosofía quiere mostrar que
la libertad del hombre, es aún más grande que una simple aceptación del
destino, le dirá a Boecio: “¿Quién impondrá jamás su ley a un espíritu libre?
¿Quién puede arrebatar su sosiego a una mente que, merced a una sólida
instrucción, llegó a ser dueña de sí misma?” (Boecio, s/f: 45). Su argumento es
contundente: la libertad implica el ser poseedor de uno mismo. Con ello conduce
al filósofo a ir vaciándose de las falsas ideas de felicidad.
Aunque se ha visto cómo la
humanidad, en su búsqueda de la felicidad, se enfrenta con la tentación del
destino y puede gozar de la libertad para vivir fuera de sus fauces, aun no
respondemos qué es la felicidad y en dónde se le encontrar. En el pensamiento
de Boecio se profundiza el concepto de Dios y uno de los apelativos que utiliza
para explicarlo es el de Sumo Bien
con el cual hace referencia a que Dios “es el mismo bien” (Boecio, s/f: 72).
Bajo la apariencia de un diálogo entre la Filosofía y Boecio, se presenta una
serie de deducciones lógicas que buscan aclarar y conducir al entendimiento que
la felicidad es el mismo Bien. Deduciendo finalmente que “la suma Felicidad es
una misma cosa con la suma Divinidad” (Boecio, s/f: 74). Por consiguiente el
verdadero bien, la máxima aspiración
a la que busca llegar se encuentra en Dios. Sin embargo, el ser supremo al que
Boecio se refiere no está lejos ni aislado, sino que se encuentra en todo, y
sobre todo, en lo íntimo del hombre: “porque el deseo del verdadero bien va
impreso por la naturaleza en el corazón humano” (Boecio, s/f: 55).
Otro concepto al que es necesario
hacer referencia para profundizar, es el de unidad. Para Boecio, “todos los
seres aspiran a la unidad” (Boecio, s/f: 79). Es decir que únicamente existe un
cosmos –un todo armonioso y ordenado– que se repite constantemente, un mundo
que es un todo orgánico. Con esta idea nos lleva a entender que
“todo se complace en volver por nuevos rumbos al origen del que procedió; no
hay orden establecido que sea duradero sino el que une el principio con el fin” (Boecio, s/f: 57).
Por lo tanto, el deseo de felicidad -del Bien- resulta de la búsqueda de la
unidad, del armonioso retorno hacia el principio que nos creó.
Con todo lo anterior, el hombre
desea la felicidad, la tranquilidad del alma y la paz interior, por ello la
elección de la filosofía es en gran medida para crear estabilidad en medio de
una cultura cambiante. Pues, qué es la filosofía sino buscar la verdad,
interiorizar en lo profundo del propio ser y adentrarse en lo recóndito de la
vida. Es un modo de vida accesible a todos quienes la asuman. En este punto se
cierra la trama iniciada en la búsqueda de resolver el deseo de felicidad.
Boecio lo expresa diciendo:
Si buscando el
hombre la verdad desde el fondo de su corazón, no quiere desviarse del camino,
debe volver sobre sí mismo los ojos de su mente y replegar su propio espíritu
con amplio movimiento, a fin de comprender que todo lo que penosamente busca en
el exterior se halla encerrado en los tesoros de su alma. (s/f: 80).
En conclusión, el pensamiento de
Boecio aporta una respuesta al siempre presente problemas de la crisis y de la
búsqueda de la felicidad. De una forma clara y, sobre todo, basado en el
pensamiento de los grandes filósofos antiguos, aporta con claridad y sencillez
el propio reconocimiento del Sumo Bien.
Me gustaría terminar este ensayo con una expresión de Boecio: “¡Qué feliz sería
el género humano, si el amor que gobierna los cielos gobernara también los
corazones!” (s/f: 52).
Lista de
referencia bibliográficas
Boecio. (s/f).
La Consolación de la Filosofía. Recuperado
el 22 de octubre de 2012 de:http://permolestiaseruditio.files.wordpress.com/2009/08/boecio_la_consolacion_de_la_filosofia11.pdf.
Marías, J. (1974). Historia
de la filosofía. (26ª. Edición) Madrid: Revista de Occidente.
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